Todo ser humano quiere ser feliz y poder tomar sus propias decisiones. Según vamos creciendo, las personas vamos adquiriendo responsabilidades y dando pequeños pasos que irán creando nuestro futuro.  Pero, ¿qué pasa con las personas con diversidad funcional? ¿en qué momento empiezan a decidir por ellas mismas? ¿su limitación es la raíz de su problema?Todas estas dudas surgieron al principio de los años 70 en EEUU e Inglaterra y su respuesta se transformo en el movimiento que más tarde llamaremos Movimiento de Vida Independiente.

A pesar del 10% de la población mundial son personas con diversidad funcional, es un colectivo que ha sufrido una grandísima discriminación a lo largo de la historia. Culturalmente, se les ha marginado y recluido en instituciones asociando su discapacidad a un problema de salud o enfermedad.

Fue a partir del Modelo de Vida Independiente cuando este concepto se transforma y las causas de su marginación se fijan en la sociedad y no en el individuo en particular. Es decir, la sociedad es quien excluye a las personas que funcionan de otra manera porque son internamente diferentes o que por motivo de sus diferencias funcionan de manera distinta. Con todo esto, el Modelo de Vida Independendiente surge un contexto teórico-práctico en torno a la realidad humana, denominada «diversidad funcional”.

El objetivo del MVI es que los hombres y mujeres con diversidad funcional puedan ejercer su derecho de vivir activa e independientemente tanto de manera individual y colectiva. Para ello  serán necesarios apoyos humanos a los que denominaremos Asistentes Personales. Gracias a la Asistencia Personal las personas con diversidad funcional pueden empoderarse y hacerse cargo de su propia vida.

Los Principios Básicos por los que se rige el Movimiento de Vida Independiente son:

Derechos humanos y civiles;

  1. Auto-determinación;
  2. Auto-ayuda (Apoyo entre Iguales);
  3. Posibilidad para ejercer poder (Empoderamiento);
  4. Responsabilidad sobre la propia vida y acciones;
  5. Derecho a asumir riesgos; y,
  6. Vivir en la comunidad.

Con estos principios se busca reforzar que las personas con diversidad funcional lo son por la respuesta de la sociedad a su diversidad física, intelectual y sensorial y tienen derecho a ejercer el control de sus vidas, tomar sus propias decisiones  y a la plena participación en la sociedad.

 

Paloma García-Poggio Fernández-Renau

Trabajadora Social

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