Detrás de una persona dependiente, hay un cuidador.

¿Eres cuidador de una persona adulta mayor dependiente?

Cuando nos preguntan qué hacemos en nuestro tiempo libre y/o cuáles son nuestros hobbies, siempre respondemos actividades como ir al cine, teatro, hacer una excursión, acudir a una exposición de algún artista que nos guste, etc., pero, ¿puede todo el mundo decir lo mismo?

Algunos de nosotros no podemos realizar todas las actividades que nos gustaría, ya sea por trabajo o porque tenemos otras responsabilidades como tener hijos o personas que dependen de nosotros. Sin embargo, en cuanto escuchamos a alguien decir ”he pasado este fin de semana cuidando a mi tío, ya sabes es mayor y no tiene a nadie más que cuide de él”, o por ejemplo “llevo años esperando poder ver a mi hija competir, pero tengo que turnarme con mis hermanos para cuidar a mi madre”, rápidamente tendemos a sentirnos identificados. ¿Os suena?

La tarea de cuidar a una persona mayor dependiente tiene doble cara, por una parte, conocer las necesidades de la persona mayor para saber cubrirlas y a partir de allí poder organizar la propia vida del cuidador. Todo ello depende del tipo de cuidado que requiera la persona atendida, a veces más, a veces menos y otras veces por mucho tiempo. Cuando ello se prolonga durante largos períodos de tiempo, el cuidado pasa a ser una actividad rutinaria que se tiene que compatibilizar con las otras.

Pero, ¿qué pasa cuando aparecen enfermedades crónicas y degenerativas como por ejemplo el Alzheimer y/o Demencia? Absolutamente toda nuestra vida gira entorno al familiar. El hecho de pasar noches en vigilia y al día siguiente tener que ir a trabajar, acompañar al médico al enfermo y tener que pedir permiso al trabajo, tener que cocinar para el mayor y llevárselo y tener que volver a casa para conciliar la vida con tus hijos y/o esposa o marido, etc. Son actividades que no se pueden dejar pasar durante mucho tiempo, sino se enquistan. Cuando llega ese momento, tenemos que tomar decisiones complicadas y muy difíciles, créenos, te entendemos.

¿Habías escuchado nunca hablar del Burnout? 

Te lo explicamos.

El burnout es una condición que se genera cuando una persona es sometida de forma regular a situaciones estresantes. Todo ello genera dificultad para poder abordar momentos conflictivos, falta de energía, motivación y finalmente lleva a la depresión.

A pesar que a lo mejor podríamos plantearlo más en el ámbito laboral, este problema puede aparecer en la vida diaria de un cuidador, ya que la acción de cuidar se basa a elementos más allá de la escucha de los problemas, hacer compañía, etc. Todo ello trasciende en que en muchas familias aparezca a varios niveles una dependencia de la persona mayor hacía los cuidadores. Entre muchas, se encuentran: la física (pierden movilidad, síntoma de posibles enfermedades), dependencia social (pérdida del entorno de amistades y sentimental), económica (el único ingreso del que disponen son las pensiones que a veces pueden ser muy bajas) y mentales, seguramente una que nos da verdaderamente miedo, puesto que las personas pierden habilidades y capacidades para decidir sobre su persona y sobre sus bienes.

Ahí aparece este familiar que se ocupa de todo ello, que a parte de batallar con su día a día, también afronta la vida de una persona que irremediablemente depende de ella. La mayoría de dichas personas cuidadoras son mujeres familiares directas (hijas, esposas).

Según el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales “La relación entre las personas que cuidan y los mayores que recibe la ayuda es muy cercana, el 50% de los/as cuidadores/as son hijas y el 12% esposas o compañeras.”

Con todo lo explicado, hay varias alternativas que pueden permitir que dichas personas pasen a tener una buena conciliación laboral y familiar. Contratación de personas para la ayuda doméstica, profesionales sociosantarios capaces de poder cuidar a la persona en todas sus dificultades, residencias, centros de día, etc. Son espacios donde los mayores pueden acudir siempre que varias circunstancias, como son las económicas y familiares, acompañen.

Sin embargo, ¿qué pasa con los familiares?

Para ellos, existen varios espacios y/o elementos que les pueden ayudar a conciliar esta situación. Por una parte, los servicios que anteriormente hemos nombrado. Todos ellos permiten que el cuidador principal (hijas, nietos, etc.) puedan compaginar su vida personal con la de la persona atendida, mediante personas que se dedican a la asistencia personal por horas o de forma interna. El respiro que ello genera, aporta beneficios a distintos niveles. Más allá de estas ayudas, también existen grupos de apoyo que lo forman familiares que viven y experimentan unas mismas situaciones con las personas que tienen a su cargo. Para ello, se crea un espacio donde cada familiar y/o cuidador pueda explicar experiencias y expresar cómo les hace sentir. A partir de allí, se hace un doble trabajo. Por una parte,  es de gran ayuda para personas que pasan por lo mismo se sientan identificadas y por otra parte para ver y exponer cómo pudieron afrontar dicha situación.

Esperemos que próximamente te puedas permitir vivir de una forma que te haga poder abordar las diversas problemáticas del día a día de una forma óptima.

Ayudar y ser ayudado permite poder llevar a cabo un trabajo que trasciende más allá del hecho de cuidar.

¡Cuidador, cuídate!

Marta Dominguez del Rio

Trabajadora Social

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8 comentarios en «Detrás de una persona dependiente, hay un cuidador.»

  1. Hola mi nombre es ronald ariel Gonzales Alvarez soy cuidador de personas mayores tengo experiencia me gusta poder cuidar delos abuelos soy carismático i con buena presentación me desarrollo luego en mis deberes me gustaría poder aprovechar su oportunidad muchas gracias bendiciones

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