¿Qué es la Espina Bífida?

La Espina Bífida o Mielomeningocele es una grave malformación congénita, que se incluye dentro del espectro de los Defectos del Tubo Neural (DTN).

El tubo neural es un canal estrecho que se pliega y cierra “entre la tercera y cuarta semana del embarazo” para formar el cerebro y la médula espinal.

La Espina Bífida se produce cuando la parte del tubo neural que forma la médula espinal no se cierra completamente entre el 23 y 26 día de embarazo.

La afectación del SNC produce hidrocefalia en el 90% de los casos de mielomeningocele y una falta de sensibilidad y de fuerza más o menos amplia en relación al nivel de localización del mielomeningocele.

¿Qué causas la provocan?

Es desconocida, aunque en la actualidad hay acuerdo en que esta malformación se debe a la combinación de factores genéticos y ambientales.

 

Existe una predisposición poligenética y de diferentes factores ambientales como es la falta de ácido fólico antes de la concepción así como la alteración de su metabolismo por acción de fármacos u otros elementos.

¿Hay diferentes tipos de Espina Bífida?

Se clasifican en defectos abiertos y cerrados. Los defectos abiertos son los más graves y se dividen en:

 

  • Meningocele: Saco que contiene membranas de la capa protectora de la médula espinal (meninges) y se asoma por la apertura de la columna vertebral. Normalmente no hay daño en los nervios.

 

  • Mielomeningocele: Bolsa con el tejido nervioso medular expuesto y sin cobertura cutánea. La médula no se ha desarrollado de forma normal, por lo que ocasiona la parálisis de los músculos y una pérdida del sentido del tacto, por debajo de la lesión.

Esta es la forma más grave de Espina Bífida compatible con la vida, provoca discapacidad física en la infancia, y la más frecuente de vejiga neurógena.

Los defectos cerrados:

Son aquellos que se producen al final del primer trimestre de embarazo y se caracterizan por presentarse como bultos en la zona lumbar baja, en ocasiones con algún mechón de pelo. Provocan una mínima lesión neurológica en las piernas pero, en muchas ocasiones, afectación de la vejiga que puede no producir escapes de orina y por lo tanto pasar desapercibida.

¿Puede prevenirse?

Según estudios recientes, si todas las mujeres en edad fértil consumieran 0,4 miligramos de ácido fólico al menos 3 meses antes de quedar embarazadas y durante el primer trimestre del embarazo, podrían reducir hasta en un 70 por ciento la probabilidad de que su hijo naciera con Espina Bífida.

 

Los hombres también deben tomar pequeñas cantidades de ácido fólico al menos tres meses antes de comenzar a buscar un embarazo, ya que la biología del niño depende del hombre en un 50 por ciento.

Pero como muchos embarazos no son planeados, se recomienda que las mujeres en edad fértil tomen una dieta rica en ácido fólico que se encuentra en las verduras de hoja verde (lechuga, espinacas) carne, hígado o cereales.

¿Tiene curación?

No existe un tratamiento definitivo para la Espina Bífida  aunque sí algunos abordajes que contribuyen a minimizar las consecuencias de la enfermedad y a mejorar la calidad de vida.

El primer paso en un niño con Espina Bífida es el cierre quirúrgico del defecto. La meta no es restaurar el déficit neurológico, pues es imposible, sino prevenir la infección secundaria del tejido nervioso y de cualquier otro trauma que pueda sufrir la médula expuesta.

Ya se ha realizado esta cirugía dentro del útero materno, aunque no es una práctica habitual, ya que es muy agresiva. Siempre hay que operarla porque si no conlleva un deterioro neurológico mayor y riesgo de muerte por meningitis cuando el bebé nace. La cirugía puede ser fetal o se puede realizar cuando el bebé nace.

SERGIO CASTILLA

TERAPEUTA OCUPACIONAL

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